viernes, 29 de junio de 2012

EL FONDO EN LA FORMA DE LA EDUCACION


EL FONDO EN LA FORMA DE LA EDUCACION

No le gustaba la sensación de la arcilla, por eso Aristóteles quitó rápidamente la mano de la pelota. Sobre la mesa de trabajo del alfarero había además varias figuras e instrumentos. El taller olía a minerales y tierra. Al estagirita le gustaba más la contundencia de la piedra. Para ser más exactos, las esculturas de Lisipo eran sus preferidas, aunque la reciente costumbre de achicar las cabezas y alargar las piernas, le producía un vértigo extraño. La proporción seguía siendo sinónimo de belleza y aquellas esculturas... En fin, a sus 50 años ya era un viejo, y de sus dos matrimonios se deducía muy claramente que el tema de la belleza física también cambiaba. Aristóteles se lavó rápidamente la mano y agradeció el vaso de vino temprano que le ofrecía un ayudante.
De vez en cuando, al salir del peripato, le gustaba acercarse al taller de los alfareros. Algo sucedía allí que lo desconcertaba... ese trabajo de los alfareros, al verlos girar el torno con tan oportunas acciones entre manos, pies y ojos, le recordaba la devoción de un culto: un hombre dando todo a cambio de la triunfal conquista de la perfección, que en este caso podría ser una bandeja, o en el mejor de los casos un jarrón. ¿A que se debía?
¿Qué movilizaba al alfarero para que produjera tan bello objeto? No se trataba solo de la práctica, de la suma de acciones. Se trataba de algo más, y por la cara del hombre que en ese momento daba forma al barro húmedo, ese mandato era sumamente placentero... Aristóteles pensó que además de oportuno, se trataba de un motor heurístico. De una idea en busca del éxito de su realización que hacía surgir la forma sobre el torno hasta completar una perfecto jarrón. Reflexionó unos minutos mientras terminaba de vaciar el vaso, mirando el lugar, oloroso a su propia materia, sucio para unos, perfecto en su limpieza y orden para el alfarero que iniciaba una y otra vez el acto de crear.
¡Eureka! Eso era, a medida que el alfarero modelaba su barro, Aristóteles pudo ver cómo no se trataba solo de aprender la técnica, sino de realizar la práctica para llegar a controlar su propio proceso de creación. De esta manera era el barro, el jarrón y el alfarero parte de un todo que lo potenciaba como individuo. Aprendía al mismo tiempo a ser, a manipular las herramientas y a medir su propia mente y cuerpo como destreza, mientras la materia lo acompañaba en silencioso acatamiento. El alfarero era grande porque era insustituible en su taller y esto le daba una alegría a largo plazo.
Entonces, no solo se trataba de enseñar la técnica de como se hacían los jarrones en el liceo, o como se debía ser un buen ciudadano según los mandatos... Se trataba de que los jóvenes conocieran del proceso de hacer jarrones y los hicieran mientras se rehacían ellos mismos al reconocer más la posibilidad de sus destrezas. El maestro solo orientaba la decantación de los talentos para que los mismos alumnos produjeran resultados estimulantes y se sintieran ellos mismos personas estimadas.
Ese era el secreto de la belleza que percibía en el taller y que en el fondo envidiaba. Nada de poder, nada de sometimiento... por más que alguien diera órdenes, o repitiera una lección, de allí no saldría nada hermoso sin que antes el artesano lo sintiera hermoso en él para que su destreza obtenida con cientos de horas de práctica y orden propio autogestado, lo conformara como bello.
De eso se trataba la pasión del arte y lo mucho que podía ofrecer a la belleza de polis, a la misma ética de sus ciudadanos... practicar los valores éticos como un artesano práctica su arte. Modelarse a sí mismo en la belleza moral como el alfarero moldea la belleza material gracias a su dedicación. Aristóteles sonrió. Había encontrado el secreto de la pasión de los artistas y esperaba poder contagiar a sus colegas con la receta, para que en el futuro todas las lecciones incluyeran la práctica de la belleza moral junto con la práctica de la belleza material. Sócrates tenía razón. El amor era el fondo de cualquier forma, y el artista vivía tras esa placentera sospecha.

domingo, 20 de mayo de 2012

extracto de capítulo de la novela VER BARCELONA


  Extracto de capítulo de la novela VER BARCELONA




Arena

Color similar al compuesto por partículas  de rocas silíceas que pueden ser oscuras o claras, creando un tono inestable a la percepción.

 

Siempre había alguien despierto en Barcelona.

Frente a su ventana en el Passeig de Gracia, unas cuantas luces encendidas, piso más arriba, piso más abajo, señalaban las diversas rutinas de sus ocupantes. Ella era una más que mantenía su lámpara encendida. Hacía rato que leía el último best seller pero  no pasaba de la página treinta. Repetía la 28, la 29, un párrafo de la treinta y  de nuevo a lo mismo. Tomó un sorbo de la botellita de agua que  dejaba dispuesta sobre la mesita de noche. Miró sus manos, los bordes de las uñas manchadas con pintura blanca, y de pronto recordó el manual. Dejó el libro y se sentó sobre la cama. 

Hacía meses que no releía el manual.  Pero esa noche tenía que hacerlo. Ya eran muchos los días en que no se sentía bien. La ansiedad le hacía fumar el doble y los pensamientos repetitivos con lo mejor de sus miedos la mantenían al borde de un ataque de pánico. Por eso ya ni salía. Temía cruzar la puerta, verse en la calle abarrotada de gente y no saber dar un paso. Igual que ella estaba su taller o palomar, como le gustaba llamarlo. Sucio, desordenado y maloliente. La ayuda doméstica que había pedido a la agencia aún no llegaba. Ni siquiera había vuelto a cocinarse. Tenía que terminar las pinturas y cada vez le costaba más enfrentarse al vértigo del lienzo blanco.  Fue hacia el armario y  sacó el manual de entre la gaveta de los calcetines. El cuaderno, viejo y lleno de marcas de tazas de café, tenia escrito Manual de Pintura. 1937 en la portada y estaba subrayado con dos líneas rápidas de carboncillo. En una esquina inferior, con letras bastante pequeñas se leía:  Boninn. Maestre pintor.

 

Se metió de nuevo en la cama con el cuaderno, como siempre hacía cuando entraba en crisis. En su taller, ya tenía todo dispuesto. Los bastidores, las pinturas, los solventes, los aceites y pigmentos, la paleta limpia y los pinceles suaves y dóciles sobre la esquina de la mesa que desocupó, como pudo, de ceniceros llenos, papeles arrugados y sobras de naranja y pan. Faltaba que diera el paso que da inicio a la metáfora de la pintura. Esa maravillosa representación que siempre le sorprendía fluyendo de su mano hacia el lienzo.

El manual estaba estructurado por capítulos divididos en colores.  En el encabezado decía  Rojo. Leyó en voz alta:

“Hay que pintar no solo con la mano sino que con todo el cuerpo. Pintar los colores que guardan los objetos y las gentes, para activar las energías sagradas por medio de las formas que descubren los colores. Abrir las puertas que son las bocas de las casas hacia los cuerpos del universo y de nosotros mismos. Sangre con sangre, rojo con rojo, hasta instrumentalizar lo sagrado de otros mundos en este. El poder de la sangre, como lluvia que mana de las fauces, de la boca, puerta de la vida, uniendo un portal con el otro de otro mundo, rojo con rojo, el antiguo rito del sangrado. Conectando el agua con la vida de la carne y del corazón.  No el rojo rosado de mi madre, el rojo rosado de mi hijo, este es el rojo amor. Amor, amor patrio, te doy mi sangre, como el verde que te quiero verde de Lorca, te doy mi cuerpo para que pintes con el. Pinta, pinta, pinta, solo así se puede pintar con el rojo.”

 

 

domingo, 13 de mayo de 2012

Nuestras Municipalidades: Corrongas e inconsistentes


La Municipalidad de Aguirre cuenta con un piso encerado de primera!

               Nuestras Municipalidades: Corrongas e inconsistentes

Siempre que llego a una Municipalidad y paso su portal o subo sus escaleras, me asaltan infinidad de dudas. Desde la duda inicial sobre si estarán las personas que trabajan allí - porque nunca se sabe con exactitud un horario entre un lunes indeciso y un viernes en el que ya no se hizo nada y por lo tanto ya no hay nadie.

A la duda metodológica sobre si sigue el mismo alcalde que inicio el período y si hay sistema. Empiezo por preguntar al encargado de la ventanilla más próxima sobre el estado del personal. Me entero de los cambios por pensión, por incapacidad, por separación de cargo etc , e inicio mentalmente el ejercicio  de poner en orden lo demandado y lo solicitado.

Las municipalidades navegan en estas aguas tan contaminadas de las acciones humanas. Nunca sabremos como se interpretará una ley, nunca sabremos cuando un expediente se esconde, cuantas dádivas se trafican y mucho menos cuantos favores de hacerse el ciego, el loco, el tonto, se le dan al vecino por vecino, al cuñado por cuñado, al aspirante a político por aspirar a un cargo donde se sabe que habrá recompensas. O también cuantos temores por presiones, amenazas y chantajes acompañan el trabajo de los funcionarios, sobretodo en las municipalidades cercanas a centros de interés económico formal como Escazú y no formal como las costas y ejes donde opera el narcotráfico.

  Una Muni es una tómbola! Armarse de paciencia y asentir ante el vuelo de un expediente que quema las manos y salta de oficina en oficina para volver siempre la próxima semana con una sonrisa torcida o un gesto de agradecimiento ante un funcionario de medalla. Mi visita más reciente fue a la Municipalidad de Aguirre  que me esperaba con sus predios hediondos, llenos de basuras y perros famélicos. Nada nuevo en el bello puerto de Quepos dónde sobra el dinero para unos y falta para los de a pie entre aceras, basureros y bibliotecas.

Lo nuevo lo encontré adentro, donde una señora daba brillo con un hermoso cepillo al piso de madera. El olor a cera que tanto gusta a los ticos inundaba todo el recinto seguido por el conocido sonido del cepillar eléctrico. Creo que hasta una lucecita encendida tenía el aparato. Me imaginé con eso de esperar las calendas en una silla, que el cepillo era una patrulla de inspección y su sonido una sirena que anunciaba el orden y el acatamiento a las leyes. La capitana se perdió por el pasillo lustrado como me perdí yo imaginando como sería la municipalidad si tal afán por el lustre de los pisos se pasara al lustre de las conciencias.

Un acto de fondo digno sobre la forma corronga, se impone con tanta urgencia! Dejar de perfumar lo podrido y entrar con ganas y sin miedo a limpiar el gran terreno baldío es imprescindible. Más que administrar el ornato se necesita gestionar la transparencia y toma de decisiones.

Salí mareada con el olor a cera. El aguacero estaba por caer.   

domingo, 1 de abril de 2012

Crítica literaria y análisis de la novela Ver Barcelona por Mauricio Molina


Pintar Barcelona

Por 

Dr. Mauricio Molina Delgado Profesor de Filosofía de la cognición.


 El libro Ver Barcelona de la autora Dorelia Barahona-Riera ha sido escrito sobre las páginas de otro libro, el Manual del Maestre Bonnin.  En efecto, los capítulos de dicha novela toman títulos prestados del mencionado manual de pintura, manual al que ciertamente no tenemos acceso pero cuya oscura procedencia conocemos a través de las mismas páginas de la novela.
De allí que los títulos mismos se conviertan en un rompecabezas para el lector.  Presumo que el orden de los títulos en la novela no es el mismo que el del manual, y ciertamente su sentido debe variar según el texto al que sirvan de encabezados.  Mientras que en el contexto de un manual de pintura parecen tener la misión de definir simplemente el nombre de algún color o efecto en la pintura, suponemos que dentro de la novela juegan un papel de contigüidad con la historia que se narra.  En términos retóricos se trata de una relación metonímica.

Así, el Verde bosque (definido como “el cuarto color del espectro solar.  En contraposición a seco. Se dice de los árboles y las plantas. De todo lo vivo”) el cual aparece en el primer capítulo de la novela, nos ubica en Kekoldi, una pequeña reserva indígena cerca de la Cordillera de Talamanca. El oro, en cambio, (título que aparece hacia el final de la novela) hace referencia a un tesoro de joyas que debió ayudar a la causa republicana en la Guerra civil española.  Por su parte, el Blanco España (en el 9º capítulo) remite a las primeras experiencias en Barcelona de una niña bribri llamada Forever, que resulta víctima de una serie de abusos.  Es este precisamente el centro de la historia que narra la novela: primero la muerte de los familiares de Forever por un desastre natural, el cual sin embargo es causado por los maltratos humanos contra el ambiente; luego Forever que es drogada y enviada a Barcelona, su violación, su sometimiento a realizar trabajo infantil, así como otros abusos que también sufrirá en Cataluña. 
A partir de aquí la relación entre los títulos tomados del manual de Bonnin y lo que se narra en la novela de Barahona-Riero se vuelve más sutil.  Los colores que estaban ligados inicialmente al mundo verde en que habitaba Forever, no serán ahora los colores de Barcelona, sino los de las obras de Gloria Pujol, una pintora que contrata los servicios domésticos de Forever para controlar el desorden de su mundo, sin conocer la trama oculta de abusos por los que ha pasado la niña. Las definiciones del Manual de pintura se convierten en reflejos deformados de las situaciones que se narran, ya no guardan relaciones de contigüidad sino de analogía, como cuando se relatan los nuevos engaños de que es víctima Forever.  Reza el título de uno de los capítulos intermedios de la novela “Primera veladura: Dícese del efecto de velo o cortina logrado con solvente que cubre las formas” y posteriormente otro capítulo “Segunda veladura dícese de volver a velar o pasar una cortina sobre lo pintado, para lograr un efecto mayor de encubrimiento”.  Estas citas remiten al juego de simulaciones, engaños y espejos falsos del que es víctima Forever en su viaje a Cataluña, el cual termina con una nueva separación, alejándola del único pariente directo con que cuenta en el mundo.  En este caso, de nuevo desde un punto de vista retórico, se empieza a establecer una relación metafórica entre los títulos tomados del manual de Bonnin y el contenido de la novela. 

Sin embargo vale la pena detenerse en el contexto del manual de pintura como tal.  Y es que en la lectura superficial e indirecta que tenemos del mismo, se revela el carácter absurdo de la tarea que se acomete, la de definir las experiencias de los sentidos, experiencias cuya naturaleza fenoménica es irreductible.  Cómo definir un color, cómo por ejemplo explicarle a un daltónico la experiencia del color verde.  Lo que parece imposible como tarea de un manual o una enciclopedia, es a pesar de todo la tarea última de la literatura y del arte.  En eso acierta el libro porque al trasladar aquellos textos de manual al campo de la novela, desnuda nuevamente el accionar de las ruedas de la retórica. Nos recuerda que los engranajes que mueven el mundo son los de un mecanismo donde las metáforas se anudan con las cosas, al menos desde la perspectiva de quienes habitamos aquí tratando de encontrar sentidos y movernos con un mínimo de cordura en un universo que de otro modo carece de luz.  Los colores, tal y como los define Bonnin, encierran esa necesidad de literalizar las experiencias para comunicarlas. Por ejemplo el amarillo imperial como recuerdo del poder y la gloria, o esta maravillosa y terrible  imagen/definición del Magenta: “Dícese del color rojo oscuro que se puso de moda después de la sangre derramada en la batalla de Magenta en el año 1859”. Al fin y al cabo los colores no existen, al menos no existen en las cosas, sino es por aquellos que las vemos.  Lo mismo sucede con los olores y sonidos y por eso podemos referirnos a tonos agudos, músicas oscuras, aromas luminosos; donde una experiencia sensible se enlaza con otra experiencias sensible, en una red de significados que finalmente no tiene un sustrato firme sino que flota en una nube de retórica e imágenes.  Nos encontramos aquí con la sinestesia, la experiencia cruzada entre diversos sentidos, la posibilidad de escuchar colores y degustar imágenes.  Mientras que la sinestesia puede ser una condición que se presenta en algunas pocas personas, también está relacionada con experiencias con drogas, lo mismo que con una estrategia retórica.  También podemos pensar en un estadio en el desarrollo donde los niños(as) no han aun diferenciado completamente sus experiencias sensibles.  En la novela, el desarrollo de Gloria la termina llevando a esta confusión sensorial. A través del manual, Gloria “percibe los colores con todos los sentidos”.  Colores graves que lastiman, luces estruendosas.  Gloria en este sentido vuelve a ser como una niña.

Lo que es cierto para el manual injertado dentro de la novela lo es también para el manual en sí mismo. Será otro de los personajes, Soledad, quien descubra que este manual no es más que una nueva metáfora, un manuscrito sobre otro manuscrito más oculto aún que el anterior. Soledad, descubre entonces una tercera veladura (es decir según define Bonnin “pasar por cuarta vez una cortina con solvente y aceite”). Para Gloria Pujol, aparte de su identificación afectiva con el mismo, el manual es simplemente un manual. La lectura literal del texto la guía en sus labores artísticas, pero Soledad devela una trama oculta (“Raspar con paleta con el propósito de borrar resultados indebidos”).  El manual de Bonnin aparece entonces como un mensaje cifrado. No es este, por supuesto, el lugar para descifrar esta trama, pero el descubrimiento de Soledad puede entenderse en el sentido de que la literalidad es en sí misma una máscara, lo que ya podíamos sospechar si emprendemos el de por sí fallido proyecto de definir las experiencias de los colores.

No es que no existan lecturas literales, es que estas son en sí mismas metafóricas.  En ese sentido conviene detenernos en la lectura de Gloria, quien como habíamos adelantado se acerca al manual como si fuera eso, un manual de pintura.   Pero el trabajo de Gloria es nuevamente un ejercicio velado.  Por un lado Gloria pinta sobre su pintura, engañando a Forever, y también engañándose a sí misma.  Hay sobre todo un ejercicio de maternidad en el trabajo de Gloria, quien da existencia a sus personajes e imágenes.  Les habla, los llama a salir de la nada para entrar en el ser: “Poco a poco aparece un bulto, luego un pedazo de contorno y luego un contorno completo”, luego “el milagro de vértebras, músculos, tensión de nervios… aquel personaje que surgía del lienzo en minutos, antes perfecto en su invisible blancura, era su hijo”.

 En su libro Novela negra con argentinos Luisa Valenzuela afirma que se escribe con el cuerpo. Bonnin nos recuerda que también se pinta con el cuerpo. El acto de pintar se convierte en parto.  En la novela, paralelamente Gloria tendrá una hija, al menos una hija que se sale de las dimensiones de un retrato.

Ver Barcelona, es en definitiva un juego de lienzos que se reflejan más bien como espejos, degradándose las imágenes, dándole razón al filósofo que nos advierte que estas son necesariamente imágenes degradadas. 
Hasta el título parece un engaño, una nueva veladura.  Mientras que nos recuerda aquella historia (en este caso al sur de la península, en Andalucía) de  que no hay nada peor que ser ciego en Granada, la verdad es que en la novela no vemos los colores de las flores de las Ramblas, el mar oscuro desde la Barceloneta ni las sombras del barrio gótico. Asistimos más bien al espectáculo de la luz verde y las montañas azules del mundo en que habita Sibú.
A diferencia de Platón, el claroscuro de la retórica parece señalarnos en la novela que no hay arquetipos ni modelos que aventajen a las imágenes.  Y como dice Gloria, la verdad es que no somos dioses para mirar el brillo de las cosas desnudas. Al final lo único que vemos es lo que en realidad no existe: los colores.

viernes, 2 de marzo de 2012

Mi primera publicación en Ancora, Suplemento cultural del periódico La Nación, San José Costa Rica.


17 años y querer saber, ser, estar, no estar, no ser, no querer, no saber. 
Amar y pensar. Pensar y hacer. Hacer  la diferencia y amar la diferencia. Proponer neologismos y esperar la censura de la época y el medio. Fabular la metáfora y aprender a oír su música. Imaginar argumentos y esperar que cobraran vida en el ejercicio de ser apasionadamente convocados.
 Escribir desde los ocho años  y saber que escribiría los siguientes años ya desde los 17, robándole vida a la vida en esa doble mímesis de la ficción que nos permite por un lado vivir otras vidas y por el otro, no vivir la propia. 
Ejercicio inicial de la realidad virtual sin aparatajes ni redes que solo el arte y la escritura desde la antiguedad proponen.
17 años y una máquina de escribir Olympia y papeles con anotaciones a mano de lapicero bic azul.
17 años y un mundo por estilo para encontrar y montañas de libros por angullir y cientos de hojas al basurero y otras cientos guardadas.
 Trabajo, manía, identidad y sentido en este camino de los años por delante donde no han faltado libros rechazados en las editoriales, concursos no ganados y ganados,  para sumar hoy por hoy 5 novelas, 3 libros de cuentos y 2 de poesía, a partir  de este artículo inicial, cuando iniciaba la edición de mis primeras poesías.  ¿Cúantas horas de trabajo? ¿ Cúantos silencios?, ¿cuántos mutismo y luego  cuanta alegría de ver terminada una obra?...  y del otro lado la vida con su colorido animadísimo y su prisa y su carencia.... que sigue, que arrasa, que llama......


gracias a mis lectores por ser parte de este sueño despierto!

sábado, 12 de noviembre de 2011

Hace días una mariposa nocturna...

Los ojos de la mariposa

doreliaHace días una mariposa nocturna, de esa que trae el dibujo en sus alas de un par de ojotes negros ribeteados de amarillo, se instaló en mi casa y no ha podido, por más que revolotee dando vueltas por todo lado, salir.
Cada vez que la veo en plan de lucha pienso que entonces no es solo ante la atracción fatal de la luz que peligran estos animales tan bellos. También es ante el encierro y el transcurrir de un tiempo trastocado donde ya la cuenta de la noche separada del día perdió la batalla. Puede que la mariposa naciera dentro de la casa y de un día para otro se viera en la necesidad inexorable de salir a la noche plena y lo que ha encontrado a cambio son solo paredes y bombillos. Paredes que la remiten a una condición de prisionera fuera de su área natural … ¿pero es que acaso hay una? Si saliera tendría lo que se necesita para sobrevivir afuera? Pienso que la mariposa cuando se cansa se queda quieta, esperando que las ganas le devuelvan la energía para seguir revoloteando a la espera de localizar las puertas que le abro. Pero las puertas siguen abiertas y ella no logra ubicarlas.
Es entonces cuando me pregunto sobre la condición de mariposa de tantos seres humanos que viven sin poder localizar sus propias salidas, sus propios caminos. Unas veces la casa permanece cerrada durante tanto tiempo que efectivamente ya no tiene sentido el afuera, otras veces la casa abre sus puertas solo cuando hay mal tiempo para que la mariposa tampoco quiera salir, porque si sale muere; pero muchas veces la mariposa se agota en su lucha y decide permanecer el resto de su vida allí, con el alimento que le procura la misma casa aunque las puertas se abran. Entonces el pequeño mundo de una habitación, de una forma única de vivir, se convierte en todos los mundos posibles y la única luz a la cual darle vueltas se convierte en el motivo sobre el que planear las horas, los días y el sentido de la vida.
Una luz Dios a la cual darle las mejores vueltas en espera de que aparezca ante nuestro corto vuelo. Pero a veces no sabemos por qué, si en el caso de esta mariposa, gustándonos la oscuridad del cosmos, insistimos en mantenernos atraídos por lo mismo que nos mantiene presos. Una atracción hija de la costumbre y de la falta de rebeldía en los humanos, desconozco el plan genético de las mariposas, que ven solo con los ojos pintados sobre sus pieles y no desde la luz de sus conciencias.
  Author of this article: Dorelia Barahona

domingo, 21 de agosto de 2011

Mi cuerpo tiene la mente más bella que tu cuerpo. Del cuerpo como máquina al cuerpo como desahogo.

Mi cuerpo tiene la mente más bella que  tu cuerpo.



Del cuerpo como máquina al cuerpo como desahogo.

Hasta que el cuerpo aguante. Bella por sugerente esta canción de Miguel Ríos que pone en evidencia cientos de años pensando en nuestro cuerpo como una máquina que hay que usar, agotar y hasta reventar. La era industrial nos deparó entre otros, estos regalos ideológicos de máquina desarmada, donde se separa al cuerpo de la mente, al corazón del sexo y al alma del cerebro. Quedamos descuartizados en medio de una gran fábrica vacía de humanidad, donde un amo  enorme y silencioso siempre quería hacer uso de nuestras partes. Hombres y mujeres viviendo en función de sus partes o tratando de curarse mientas buscaban pegamento con que unirlas, fueron nuestros abuelos y seguimos siendo nosotros. El abuso surge entonces como un destino manifiesto para muchos que encontraron en el cuerpo lo único de lo que era dueños. La única propiedad psicológica adquirida en la vida. Había que abusar de las drogas, del trabajo, del carnaval ( el balconyn  como ultima insania social) y de la extensión del propio cuerpo, que para muchos es su pareja. Abusar de Eros con glotonería  o de Eros con el sarcasmo que brinda el mercado del sexo. Abusar también del dogma y refugiarse en los cultos para negar la dimensión física del alma encarnada. Tapar con recatos, velos y mangas largas, lo que el clima solicita se descubra en una cadena de mal entendidos sociales del tiempo y geografía de Matusalem. Malos entendidos por ignorancia y desconsuelo. Malos entendidos por soledad y aislamiento.

Vivimos sin espacios para el cuerpo. Las plazas monopolizadoras del fútbol alientan esta condición de abandono en las mujeres que no encuentras  aceras donde caminar, o parques donde correr. Así las cosas el cuerpo sigue siendo malo y el espíritu bueno, aunque las evidencias científicas digan ya lo contrario, apuntando a un cuerpo que piensa con sus emociones, que se enferma con sus prácticas físicas y mentales,. Un cuerpo que sueña, desarrolla carácter y lo muestra en su esfuerzo por hacerse amigo del tiempo. Un cuerpo que añora el recato en la práctica de la ética como virtudes intelectuales y morales de las mentes que lo habitan. Es allí donde urge el recato, la deliberación y la virtud en el modo de ser, como resultado de la educación,  la economía y el arte de la política. Recato por parte de los líderes sociales, por parte de los maestros y maestras,  madres y padres. Recato con lo que se hace, con lo que se dice, con lo que se negocia. Con lo que se desea. Recato como belleza moral. Así si! Solo cuando seamos así de maduros como sociedad, cuando dejemos de pensar en el cuerpo como desahogo, podremos decir aquella antigua frase tan sabia… de que hay que darle al cuerpo lo que este pida.  Entonces tendremos cuerpos sanos por mentes sanas.

Las mujeres lamentablemente no hablan de sus cuerpos, no definen estrategias sobre ellos, no se apropian de su espacio físico y de salud. Menos defienden esa maravillosa posibilidad que ofrece el baile de hormonas. Hablar del cuerpo es definirlo como A. Damasio:  como una extensión de naturaleza delimitada por la piel.¨ De suerte que la naturaleza humana lo es todo, mente, cuerpo y lo que de el logramos hacer los seres humanos, como los artefactos, los sentimientos, las prácticas éticas, las tradiciones etc.  No hay cuerpo sin mente ni mente sin cuerpo. No hay mujer ni hombre sin cuerpo y por lo tanto lo que decimos y regulamos sobre él, es el resultado de nuestras mentes y sociedades, así que el cuerpo de la mujer solo existe en la mente de una mujer y en la mente de un hombre que la observa.
Lo que a estas alturas da pena es lo que la mente observa en el cuerpo de una mujer que  pareciera ser un objeto de sumisión o de negación de sí mismo. Cómo que las vírgenes no tienen cuerpo y las que lo tienen necesitan recato y las que no son vírgenes comportarse de una forma que así lo parezca. Recuerdo cuando en la escuela nos decían que el cuerpo era el templo donde habitaba el alma… sigo pensando que lo es, pero tanto el cuerpo de los hombres como el de las mujeres.
Así que no solo me da pena tanta mujer con cuerpo negado como explotado y por el otro lado, tanto hombre sin capacidad de deliberación sobre su propio cuerpo, desbordándose  sin emoción ni trascendencia. Con los años los cuerpos se transforman y son lo que hicimos con ellos… así que un poco de cariño con nuestra materia natural no esta de más. Esta de menos horrorizarse ante el desnudo origen de las estrellas que todos los profetas han visto en lo humano. Esta de menos seguir pensando como fieras salidas de una cueva ante un pedazo de carne que hay que cubrir.  Sobre todo si pensamos en el ejemplo del cuerpo de Cristo como agente purificador en la tradicional comunión cristiana.