VIDA DE ARTISTAS
Hoy más que nunca la sociedad necesita de las mentes creativas. Personas que desde la infancia sienten el llamado de la inteligencia paralela, la inteligencia cualitativa, artística, propositiva, singular y sin más afán que el producir metáforas para lograr mundos mejores. Esas personas algunos las llaman artistas, (arté, hacer) hacedores, trabajadores, emprendedores de lo simbólico. Creadores, pensadores, intelectuales, no importa cual sea la especialidad: la música, la historia, la danza, el teatro, la pintura, la filosofía, la narrativa, la poesía, el canto. Lo importante es que sus mentes creativas caminen por encima del consumo, la rutina mediática del estatequedito, de las propias vanidades personales y del éxito.
No es cualquiera el que toma la decisión del camino del arte a sabiendas que es un camino pobre en dinero, pobre en legitimación social, pobre en solidaridad política y de estatus y que muchas veces causa rupturas familiares, personales imposibles de subsanar.
A pesar de todo esto, repito, la sociedad necesita de los artistas para evolucionar, para poner el dedo en la llaga de sus propios vicios, para estimular el cambio, para proponer ajustes, para provocar a sus dormidos habitantes. Son las mentes creativas las que empujan al resto para que, al calor de los años, se gesten nuevas formas, nuevos modelos de vida en sociedad.
¡Gran paradoja! No se legitima al artista por parte de lo más tradicional de la sociedad, pero esta misma lo drena hasta saciarse, temiendo quizá que despierte su propio espíritu artístico, sin preocuparse por saber que pasará después con lo que queda.
Amor y odio, miedo y admiración, represión y control, envidia y terror. Es parte de la relación del artista con la sociedad. Los que son legitimados, ganan premios y tienen éxito sencillamente representan o se acoplan a los intereses del grupo dominante. El resto a seguir el camino solitario del arte como espejo provocador, a sabiendas de que nadie agradecerá la flor que fue pintada, la noche que fue descrita, la soledad que fue cantada, más allá de la plaza pública. Fuera de ella el camino para las mentes creativas sigue siendo solitario y desamparado aunque rico en mundos interiores libres de polvo rutinario y oro mitico.